Blog del Rector
“Las cosas no van bien y, sin embargo…, todo puede empeorar” (29/09/2026)
Estimadas y estimados integrantes de la Comunidad Educativa de la ETITC. En el día ambiental, realizado cada mes en nuestra Institución, estamos invitadas e invitados a reflexionar y actuar en torno al destino de nuestra casa común. ¡Es urgente!
Las cosas no solo no van bien para la vida en la Tierra, sino que puede quedar muy poco tiempo para la vida de la especie humana en el planeta. Nos quedamos con un pasado, pero sin un futuro. Se agotan las posibilidades de una vida humana con dignidad, se reducen cada vez más las garantías sociales para las mayorías, y el mundo se va haciendo menos habitable para muchos seres vivos. Según el informe de Oxfam para 2024 la extrema pobreza y la extrema riqueza siguen en aumento. El crecimiento de la desigualdad global y de la destrucción ambiental son una realidad. En el año 2015, cuando se desarrolló la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, se identificaron y se acordaron 17 metas u Objetivos de Desarrollo Sostenible para cambiar el mundo en pro de la vida, para el año 2030, y hacerlo más ambiental y socialmente sustentable. Esas metas se acordaron para combatir la extrema pobreza global, afrontar el cambio climático y sus efectos devastadores, así como detener la degradación de los suelos, la deforestación y la disminución de la biodiversidad. Sin embargo, según los informes anuales de las Naciones Unidas, todavía no se han llevado a cabo acciones efectivas para alcanzar estos objetivos. Y la distancia entre lo que se prometió y lo que se ha logrado parece aumentar con el tiempo, a pesar de la creciente urgencia, como puede verse si se consulta el informe de Oxfam (2024).
En la semana anterior, al mismo tiempo que se desarrollaba la Asamblea General de las Naciones Unidas, se celebraba la “Semana del Clima” en New York, con la participación de líderes ambientales, comunidad, políticos y empresarios, para analizar la crítica situación por la que está pasando la vida y los ecosistemas en el planeta. La jornada académica inició con la invitación a un “mínimo de honestidad”, pues los desastres que estamos viviendo como sequías, inundaciones, incendios forestales, aumento sin precedentes de la temperatura de los océanos, episodios de calor extremo, pérdida de la biodiversidad y extinción de especies, no son fenómenos naturales plenamente, sino causados por la especie humana. Toda práctica humana incide en lo humano y en lo no humano, ya que lo que hacemos acontece en lugares, en ecosistemas, en regímenes climáticos, con recursos naturales. Somos los humanos quienes hemos creado un régimen de producción devastador y, somos nosotros quienes debemos detenerlo y transformarlo.
Ante la devastación ecosocial que se nos ha impuesto por un sistema económico hegemónico y gobiernos autoritarios negacionistas, nos preguntamos: con todos estos grandes avances en las ciencias, en las técnicas y en las culturas, ¿cómo ha sido posible que estemos al borde del precipicio? ¿Por qué dentro de la normalidad capitalista el futuro está condenado al colapso y a experimentarnos que estamos condenados a la extinción? Ante el actuar a nivel mundial, local, institucional y familiar, cabe cuestionarnos: ¿en qué mundo queremos vivir? ¿Qué hemos hecho, qué seguimos haciendo para hacer de este mundo tan inhabitable? ¿Qué pasaría si actuáramos de otra manera para evitar la “arruinación” que estamos habitando y viviendo?
Ante los anteriores interrogantes, hay apuestas y propuestas de personas y colectivos, que se deben reconocer, como: la economía ecológica, el ecofeminismo, una política participativa y con orientación ambientalista, el decrecimiento, economías comunitarias, el posdesarrollo, comprometidas todas con el desmonte de los efectos de “arruinación” de una economía hegemónica, teniendo en cuenta que, la economía es una construcción creada por el hombre y, por lo tanto, puede ser modificada o desmontada por él. La economía debe estar embebida en la vida, servirle, en lugar de que ella quede sometida a los mercados. Todos sabemos que esta sociedad del consumo, del rendimiento y del crecimiento económico sin límites, nos está llevando al colapso y, tal vez, no estemos dispuestos a renunciar al placer que genera este gozo de vivir imperial; ni al placer de consumir todo tipo de productos y servicios, nos hemos vuelto devoradores y consumidores de todo tipo de tecnologías, aunque esto conduzca al agotamiento de la vida y de los territorios. Este goce da sentido a personas reducidas a trabajar para consumir; vidas que continuamente tienen que competir y mostrarse como competentes y exitosos pasando por encima de los demás. Hoy, no actuar, significa “suicidio”.
Aunque inevitablemente el planeta Tierra está destinado a degradarse y morir térmicamente, esto puede pasar más lenta o más rápidamente, dependiendo de nuestras intervenciones. La racionalidad técnico-científica y económica, nos está llevando a utilizar enormes cantidades de energía y recursos, a mover viajes espaciales, jets y superyates de los multibillonarios, coches de alta gama, bitcoin e inteligencia artificial y toda clase de productos de lujo, mientras se pierde biodiversidad y se degradan cantidad de ecosistemas y el mundo se torna cada vez menos habitable para las mayorías. Eso no tiene sentido, es un mundo insostenible. Por eso, un día ambiental en la ETITC, es más que una jornada virtual, es tomar conciencia de lo poco o nada que estamos haciendo por revertir la crisis climática y pensar en el derecho que tendrían las futuras generaciones en sus diferentes formas de vida, a que les dejemos una mejor naturaleza que la que encontramos cuando llegamos a este mundo. Es unirnos en la conservación y preservación de la vida a través de la “reexistencia” ante la mercantilización del agua y del aire, por una infraestructura pública digna, la lucha por la soberanía alimentaria, por la sustentabilidad de la ciudad y del campo; uniéndonos también a prácticas, como: las huertas comunitarias, los movimientos en defensa del agua, la protección de los humedales, los cerros y sus bosques, formas de producción menos contaminante, la producción de compost, el manejo de desechos, las economías solidarias, las emisoras comunitarias, las redes de cuidado, entre muchas otras que nos permitirían “reexistir” y conservar las diferentes formas de vida y los ecosistemas de nuestro planeta Tierra.
Tercer día de Trabajo Remoto Sincrónico (21/09/2023)
Segundo día de Trabajo Remoto Sincrónico (01/09/2023)
Estimadas y Estimados integrantes de la Comunidad Educativa de la ETITC:
Invitación y Reflexión
El viernes primero de septiembre del presente tendremos nuestro segundo día de trabajo remoto sincrónico. Nuevamente, invitadas e invitados a adquirir o a afianzar “hábitos y comportamientos sostenibles” en la escuela, en nuestros lugares de residencia, en el trabajo, en la ciudad y en todo lugar que habitemos. Un instante en lo espaciotemporal para pensar y reflexionar en torno a: ¿Por qué cuánto más sabemos sobre las consecuencias catastróficas del cambio climático, más combustibles fósiles quemamos? ¿Cómo oponer al tecnocapitalismo una reactivación de nuestras propias fuerzas vitales anestesiadas? ¿Cómo cambiar la pulsión de control y domesticación por un ethos del encuentro y la acogida? ¿Cómo comportarse de un modo adecuado con todo aquello que vive y, sin embargo, difiere de nosotros? ¿Cómo construir colectivamente un planteamiento político que acoja la imprescindible convivencia con los otros seres vivos y la lucha sin desfallecer contra aquellos que destruyen el tejido de la vida?
Estamos destruyendo el Planeta
Estamos destruyendo el planeta, es una realidad lastimosa, afirma el científico colombiano Camilo Mora: deforestamos entre 2 y 10 millones de hectáreas por año; extinguimos alrededor de 20.000 especies anuales; nos comimos casi que, a todos los depredadores de los océanos; en la superficie del planeta casi no queda un gran mamífero. Calcula el biólogo Camilo Mora que, en el Planeta actualmente hay cerca de 12.000 millones de hectáreas que se pueden usar sosteniblemente, asegurándose de que cada persona pueda tener 3 hectáreas (para cubrir las necesidades de una calidad de vida promedio). El cálculo nos da a entender que en la Tierra pueden existir de 3.000 a 4.000 millones de personas. En el año 2022 la ONU anunció que la población humana alcanzó la cifra de 8.000 millones de habitantes, es decir, duplicamos en población la capacidad del planeta con sus recursos. Estamos pasando por una masacre metódica de la naturaleza del medio ambiente (principalmente en los países más pobres, muchos de ellos
convertidos en basureros de los residuos tóxicos que les estorban a los países ricos).
Podemos leer en los principales periódicos: los huracanes en todas las cuencas oceánicas se están volviendo más violentos por las temperaturas cada vez más elevadas; las poblaciones de mariposas de Norteamérica se han lanzado a un peligroso viaje hacia el norte para escapar del creciente calor; los ecosistemas del Ártico se están aproximando rápidamente a puntos de no retorno; la capa de hielo de Groenlandia se está derritiendo de manera irreversible; desde mediados de los años ochenta la vegetación de las selvas tropicales está amarilleándose, secándose y reduciéndose. Y, sin embargo, los dueños del
mundo entero, siguen tomando decisiones a diario para invertir en más pozos de petróleo, más centrales eléctricas de carbón, más aeropuertos, más plantas de gas natural licuado o más máquinas para sustituir a trabajadores humanos, de modo que las emisiones no solo van a seguir creciendo, sino que lo harán a mayor velocidad.
Hay razones para afirmar que la ola de calor, la sequía y las inundaciones que azotan algunas regiones del Planeta, y que empujan a sus habitantes a migrar para estar a salvo, tienen alguna conexión con el cambio climático: Lo que estamos viviendo en materia de cambio climático no es solo del presente; es producto de las emisiones del pasado. Entretanto, los gases que emitimos en este eterno presente tendrán su máximo impacto en generaciones aún no nacidas: “otros tantos misiles invisibles dirigidos al futuro”. El efecto del calentamiento global es demasiado retardado (en cada instante se experimenta una temperatura más elevada enviada desde el pasado), significa que, los efectos acumulados de las emisiones actuales se harán patentes en el futuro. La persona que daña a otras al quemar combustibles fósiles no puede, ni siquiera potencialmente, encontrarse con sus víctimas, puesto que estas aún no existen.
Recordemos:
Con la naturaleza no se juega, ella tiene sus reglas, y somos nosotros los que tenemos que cambiar.
Día de Trabajo Remoto Sincrónico en la ETITC
Estimadas y estimados integrantes de la Comunidad Educativa de la Escuela Tecnológica Instituto Técnico Central, estamos invitadas e invitados a vivir de forma propositiva esta apuesta de Institución: tener un día al mes de trabajo remoto sincrónico, como respuesta al primer horizonte de sentido “Responsabilidad y Cuidado por el Medio Ambiente”. Con ello buscamos hacer contribuciones en el ahorro de energía eléctrica, agua, papel, insumos, reducción de residuos y de emisiones de gases de efecto invernadero en la Escuela; pero también favorecer condiciones de bienestar para los integrantes de la ETITC al reducir la movilidad y sus implicaciones.
Igualmente, y tal vez más importante, es la invitación que nos estamos haciendo de tomar conciencia y ser más sensibles al panorama oscuro que estamos viviendo a nivel mundial y nacional en términos de crisis ambiental, pues las actividades humanas se han vuelto tan ubicuas y profundas que rivalizan con las grandes fuerzas de la naturaleza y están empujando a la Tierra hacia una Terra incógnita planetaria. Con preocupación vivimos la materialización de lo que durante décadas nos estaban advirtiendo la Comunidad Científica en la evidencia del cambio climático: olas de calor abrumadoras en varias regiones del planeta, inundaciones en otros lugares, incendios forestales, records de temperaturas, desplazados, principalmente los más vulnerables por el calentamiento global; y a nivel nacional, la vulnerabilidad del territorio colombiano, los eventos hidrometeorológicos extremos, los frecuentes desastres en la región Andina y Oriental como en Puente Quetame, la desertificación en la Guajira, las transformaciones de la
Sierra Nevada de Santa Marta, el deshielo de los glaciares y el ascenso del mar que amenaza la costa pacífica, la caribeña y San Andrés.
Ojalá no seamos parte de la humanidad que piensa y actúa como si el cambio climático estuviera muy distante de ser una realidad, o que se desarrolla en lugares apartados; que es una crisis de la naturaleza, no de la humanidad; que son dos mundos totalmente diferentes, y que los humanos vivimos fuera de la naturaleza, a quien hemos dominado y explotado. No solamente lo anterior no es cierto, sino que, el cambio climático es la mayor amenaza a la que se enfrenta la vida humana en el planeta, amenaza para las diferentes formas de vida y para la misma vida humana. En 2016, los acuerdos de París establecieron dos grados de aumento de temperatura como objetivo global, pero hemos decidido no hablar de un mundo cuya temperatura ha aumentado más de dos grados, tal vez por temor o miedo, o por una fe tecnocrática, pero que en el fondo es una fe en el mercado; o por posiciones ideológicas; o por un escepticismo o desinterés por ecosistemas que nos parecen lejanos.
Es con el cambio climático en la actualidad que se está viviendo el fin de lo normal: no se volverá a la normalidad de antes. Hemos dejado atrás el conjunto de condiciones medioambientales que permitieron que las diferentes formas de vida evolucionaran, y hemos decidido embarcarnos ante esta amenaza de extinción de la especie humana. Muchos de los horrores climáticos más implacables afectarán a quienes están en peores condiciones para superarlos o reaccionar ante ellos; es lo que suele llamarse la justicia climática. A eso es lo que algunos han llamado al cambio climático de “crisis existencial”: con dos escenarios trágicos, donde nuestro mejor escenario posible es de sufrimiento y muerte, y el peor nos sitúa al borde de la extinción de la vida, en general.
Hemos provocado un calentamiento climático y una crisis de la biodiversidad que amenaza, en concreto, las condiciones de habitabilidad de la Tierra para la especie humana. Como lo manifiesta Baptiste Morizot: una especie tiene en peligro de extinción a los otros 10 millones de especies, que constituye la familia extensa, sus cohabitantes cotidianos. ¿Cómo hemos alcanzado esta prodigiosa ceguera con respecto a los otros pueblos del mundo vivo? Hemos degradado ontológicamente a los otros seres vivos (es decir, que se les considera dotados de una existencia de segundo orden, de menor valor, de menor consistencia, que se les ha transformado, pues, en objetos). El humano se cree el único que existe de verdad en el universo.
Más que pasar de una modalidad presencial a una de trabajo remoto sincrónico por un día al mes, estamos invitadas e invitados, a la toma de consciencia de lo que le estamos generando al Planeta y a la Vida, y pasar de una racionalidad consumista y degradadora a una racionalidad y sensibilidad ambiental, en pro de la Vida.
Hno. Ariosto Ardila Silva
Rectoría - ETITC





















































































































































































































































































































